El Rey Y La Doncella

  • Nick Bowen
  • 19 December 2010

Juan 13:3-6 -  Sabía Jesús que el Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio, y que había salido de Dios y a él volvía; así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura.5 Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.

 

El Rey y La Doncella
Había una vez

Torres, murallas, parapetos                   banderas ondearan de todos los picos

Muy, muy rico - platos-oro, ropa-seda, manto-armiño, corona-con diamantes incrustados. Coche de oro, tirado por 6 caballos blancos

Centenares de siervos y esclavos

Ejercito – millares de hombres valientes, centenares de carros

Reino  - vasto – 10 días por caballo

Nadie podía mirarle – inclinar la cabeza – arrodillarse –

Podía poner quienquiera a la muerte por cualquier razón.

Un día estaba inspeccionando su reino – visitó cada aldea
vio a una doncella tan bonita que no podía olvidarla.

Podía tener cualquier de las centenares señoritas en su reino, pero quería solamente a la doncella bonita en la aldea. Día y noche pensó en ella – de veras, estaba tan enamorada de ella que no podía comer ni dormir.

Pensó ¿Qué voy a hacer? Si voy a ella como el rey, ella va a consentir ir conmigo de temor y no de amor. ¿Cómo puedo ganar su corazón de manera que ella me ama simplemente por quién soy?

Se quitó su ropa de ropa de la realeza – harapos de mendiga

Se escondió en un granero – consiguió trabajo en un establo, usando una pala para limpiar lo que dejaron los animales.

No lo consideró un precio demasiado alto para ganar el corazón de la doncella.

Cada día fue al lugar donde estaba la doncella e inició una relación con ella.

Eventualmente le pidió que se casara con él – ella consintió casarse con él. La ceremonia era muy simple en una iglesia pequeña con unos amigos allí.

Después el rey dijo a la doncella quien era.

Nuestro Dios
Eso es lo que hizo nuestro Dios. Dios es el creador de todo, de los cielos y la tierra. Es el rey de los ángeles, el capitán de los ejércitos del cielo. Es soberano sobre todo, no hay poder igual a Él en toda la creación.

Atrapa el viento en Su puño – envuelve el mar en Su manto
Sus carros son tirados por los vientos – las estrellas son el polvo de Sus pies.

La tierra es Su reposapiés, La luz es Su mano.

Preside en el diluvio. Habla, y hecho está. Los ángeles se inclinan ante de Él y proclaman “Santo, santo, santo” día y noche, siglos sin fin.

La voz del Señor está sobre las aguas; resuena el trueno del Dios de la gloria; el Señor está sobre las aguas impetuosas. La voz del Señor resuena potente; la voz del Señor resuena majestuosa. La voz del Señor desgaja los cedros, desgaja el Señor los cedros del Líbano; hace que el Líbano salte como becerro, y que el Hermón salte cual toro salvaje. La voz del Señor lanza ráfagas de fuego; la voz del Señor sacude al desierto; el Señor sacude al desierto de Cades.
La voz del Señor retuerce los robles y deja desnudos los bosques;
en su templo todos gritan: «¡Gloria!»

El sol sale y se pone a sus órdenes. La lluvia y la nieve obedecen Sus mandatos.

Su voz es como los truenos, la mirada de Sus ojos como relámpagos.

Él es el único Dios.

Por amor de Su creación que lo había rechazado, dejó Su gloria y se hizo carne. Se hizo hombre tal como nosotros.

 

Escogió a una mujer pobre, desconocida, una virgen. Vino sobre ella con el Espíritu Santo, y fue concebido en ella el Hijo de Dios.

Cristo era el Verbo de Dios que estaba con Dios desde el principio, en amor y relación íntima. Fue por Él que todo lo creado fue creado. Cristo era la segunda persona de la Divinidad. En Él estaba la vida.

Pero el Creador del cielo y la tierra y todo lo que hay en ella se hizo carne y llegó a ser un embrión. La luz del mundo fue encerrado por la oscuridad. El Creador se hizo parte de la creación.

Nació como cualquier otro bebé; dejó todas sus prerrogativas y nació como uno de nosotros. El Creador tomó Su lugar con la creación.

El Verbo de Dios no podía hablar ni una palabra. Solamente podía llorar, y en Su llanto fue oído el grito de toda la raza humana, cargada por la carne y el peso del pecado, esforzándose para ser libre.

Él que sería el liberador tomó Su parte como los oprimidos para liberarles.

Él que alimenta a todo el mundo fue alimentado en el pecho de Su madre. Él que arregla todos los eventos del mundo fue cuidado por Su padre.

Nació como el más pobre de todos los pobres, en un granero, arrodeado por los animales con todo su olor y lío. Un rey debe nacer en un palacio, pero este Rey aun no tenía casa. Reposó en un pesebre – no tenía cuna – un comedero para los animales. ¿Es apropiado, no, que encontramos al Pan de Vida en un pesebre?

¿Es alguien pobre? Él fue más pobre. ¿Tiene alguien hambre? Él tenía más hambre. ¿Es alguien rechazado? – Él más. Vino a su propio pueblo, y los suyos no lo recibieron.

No había lugar para Él en la posada. El mundo no tiene lugar para Su salvador, el mundo no tiene lugar para Él que quiere bendecirlo.

Allí vemos a nuestro Dios en el pesebre – ocultado y revelado.

Hoy día celebramos la Navidad con luces, comida, canciones, familiares – pero Él no tenía nada de eso, solamente una noche fría e obscura.

De este comienzo insignificante, menor, no cantado, oscuro – vivió una vida tan ordinaria que no hay más que una mención de ella en la Biblia. Vivió tal como nosotros, en días ordinarios, con deberes, con frustraciones, con todas nuestras cargas sino el pecado.

Leemos en Filipenses 2: quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente,  tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos.  Y a  manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!

¿Porqué?
¿Por qué lo hizo? Por amor – por amor de una novia. La novia es Su pueblo, Su creación. Como el rey en nuestra historia, no vino como el Rey de los reyes, no vino en poder para asustarnos, no vino con terror como el Dios Todopoderoso – sino vino en debilidad y humildad, de manera que podemos acercarnos a Él sin temor.

No hay nada más inocente ni amable que un bebé, y así vino nuestro Dios, encapotado con nuestra humanidad, para ganar nuestra salvación.

Vino con un amor más grande que los cielos. Dejó todos los privilegios de Su realeza y se vistió con aspereza de nuestra humanidad.

Vamos a mirar otra vez a nuestros versículos del libro de Juan:

se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura.5 Luego echó agua en un recipiente y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.

Se quitó el manto de Su realeza y se vistió con la toalla de nuestra humanidad. Nos lavó con Su amor, con el amor de un Dios que ama tanta que se hizo parte de Su creación para ganar sus corazones.

Tú eres la doncella que vino para ganar, tú eres él o ella que ha capturado Su corazón, tú eres el objeto de este gran amor.

¿Qué vamos a hacer este año enfrentado con este amor? ¿Vamos a darnos a las cosas de este mundo? Oh, ciertamente vamos a tener las luces, la comida especial, el árbol, y los regalos – pero sobre todo eso vamos a recibir el amor de nuestro Dios. Él ha venido a nosotros en una forma tan humilde que podamos recibir lo que quiere darnos.