El Tabernáculo y El Pesebre
- Nick Bowen
- 20 diciembre 2009
Introducción
Quiero mostrarles dos escenas, una del Antiguo Testamento, y la otra del Nuevo Testamento. En esto vamos a ver qué cosa tan grande Dios ha hecho por nosotros. A traído salvación a todo el mundo, ha traído gracia y amor para quien quiera.
Tabernáculo de noche
La primera escena consistirá en varios cuadros.
En el primer cuadro vemos el tabernáculo, en medio de las tiendas de la gente. Es la tienda que construyeron los israelitas según las instrucciones de Moisés que recibió de Dios en el monte Sinaí.
Por cuarenta años caminando en el desierto en camino a la tierra prometida, los israelitas llevaron el tabernáculo. Siguieron la nube – cuando la nube se movió, empacaron sus tiendas y el tabernáculo y lo siguieron. Cuando la nube se paró, allí desempacaron sus tiendas y el tabernáculo.
Cada mueble del tabernáculo tenía anillos y varas que pasaron por los anillos. Los sacerdotes pusieron las varas en sus hombros para llevar los muebles.
El tabernáculo también se llama la Tienda de reunión y la Tienda del pacto, y fue el centro de la vida de los israelitas. Se puede ver la Presencia de Dios sobre el tabernáculo en forma de fuego. Hay un atrio con una cerca alrededor hecho de cortinas. Solamente los sacerdotes podían entrar en el tabernáculo, la gente aun no podía ver sobre la cerca. La gente común era excluida.
Eran 12 tribus, y la tribu de Leví eran los sacerdotes.
En frente vemos el altar de los holocaustos donde los sacerdotes sacrificaron animales por los pecados de la gente. La gente trajo sus animales a la puerta del tabernáculo, pusieron las manos sobre el animal, y sus pecados eran transferidos al animal. Entonces el sacerdote tomó el animal para sacrificarlo, pero la gente nunca entró en el atrio.
Podemos ver que hay fuego en el altar, y animales alrededor esperando ser sacrificados.
Después del altar vemos el lavador de bronce, colocado en el atrio entre el altar y la tienda. El lavador tiene un pedestal y los sacerdotes lavaban las manos y pies.
Después vemos la tienda, pero es cubierta con cinco cubiertos y no se puede ver adentro. La gente nunca podía ver lo que era adentro.
Tabernáculo de día
En este cuadro vemos el tabernáculo de día, y la Presencia de Dios en forma de una nube. Fuego de noche, nube de día. Dios siempre está con Su pueblo. Esto fue el propósito de la Tienda, que los israelitas tendrían acceso a Dios. Los sacrificios y las otras cosas en la Tienda eran necesarias para proveer un camino para la gente acercarse a un Dios santo.
En este cuadro los cubiertos han sido quitados (esto nunca pasó para los israelitas, solamente que podamos ver lo que hay adentro).
La Tienda fue dividida en dos partes – el Lugar Santo en frente, y el Lugar Santísimo detrás. Una vela muy gruesa separó el Lugar Santo del Lugar Santísimo.
En el Lugar Santo vemos tres muebles. Hay la mesa de pan, donde los sacerdotes pusieron doce panes. Este pan se llamaba el Pan de la Presencia.
A la izquierda vemos el candelabro que ilumino el lugar Santo. Fue hecho de una sola pieza de oro, y fue encendido de día y de noche.
También podemos ver el altar de incienso. Los sacerdotes quemaban incienso aquí en frente de la vela y el arca del pacto.
En el Lugar Santísimo vemos el Arca del Pacto.
El altar de los holocaustos
En el tercer cuadro vemos el altar de los holocaustos. Aquí los sacerdotes hicieron sacrificios de animales para expiar los pecados de la gente.
Habían varias ofrendas y sacrificios por diferentes cosas. El holocausto fue de ganado vacuna; la persona presentó un macho sin defecto a la entrada de tienda. Puso las manos en el animal, y sus pecados eran transferidos al animal. Entonces el sacerdote tomó el animal, lo mató, derramó la sangre alrededor del altar. El sacerdote desolló el animal y lo cortó en trozos. Hicieron fuego sobre el altar y lo echaron leña. Se acomodaron los trozos en la leña, se lavaron las patas con agua, y quemaron todo el sacrificio.
Habían muchos otros sacrificios también, y todo el día era fuego, el sonido de los animales esperando ser sacrificado, y por todas partes sangre, sangre, mucha sangre.
La gente tenía que ofrecer sacrificios cada vez que pecaron, año tras año.
El lugar Santo
Vemos en el Lugar Santo los tres muebles – la mesa de pan, el candelabro, y el altar de incienso. Cada mueble fue construido de madera cubierto con oro. Vemos también la vela que separó el Lugar Santo del Lugar Santísimo.
La mesa de pan
El pan fue puesto en la mesa en dos hileras de seis tortas cada una. En cada hilera pusieron incienso puro. Pusieron el pan en la mesa cada sábado. El pan perteneció a Aarón y los levitas, que lo comieron en un lugar santo.
El Lugar Santísimo
Solamente el sumo sacerdote podía entrar en el Lugar Santísimo, y solamente una vez por año. Tenía que traer con él la sangre. En este cuadro vemos al sumo sacerdote con el Arca del Pacto detrás de la vela.
Si entrara en el Lugar Santísimo en una manera indigna, se moriría. Los sacerdotes ataron una soga a su tobillo para arrastrarle del Lugar Santísimo en el evento que se murió allí.
No había luz en el Lugar Santísimo, no había un candelabro. La Presencia de Dios reposó sobre el arca en las tinieblas, gloriosa en Su soledad.
El Arca del Pacto
El Arca del Pacto era una caja de madera cubierta con oro. Dos querubines de oro – seres celestiales – se sentaron encima del arca. La Presencia de Dios reposó sobre el arca. Esta arca fue el secreto de la victoria de los israelitas sobre sus enemigos. Dios estaba con ellos.
Podemos ver tres cosas en el arca –
• Las dos tablas de piedra, con los diez mandamientos. Moisés quebrantó las dos tablas originales, y Dios hizo dos más.
• La urna de oro de maná – había una urna de la mana que cayó del cielo.
• La vara de Aarón que se retoño – habían quejas entre los sacerdotes, y Dios mandó a Moisés que cada tribu traerá al tabernáculo una vara con el nombre del líder del tribu. Moisés puso las doce varas en la Tienda. Cuando volvió por la mañana, la vara de Aarón había retoñado, y también tenía flores, botones y almendras.
La Natividad de Jesús
En la segunda escena vemos el granero con la natividad de Jesús.
Aquí no hay un arco del pacto cubierto con oro, sino el pesebre. Encima del pesebre no vemos fuego o una nube, sino el niño Jesús, Dios encarnado. Dios se hizo carne y nació tal como tú y yo.
Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo *unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. (Juan 1:14)
Por tanto, ya que ellos son de carne y hueso, él también compartió esa naturaleza humana para anular, mediante la muerte, al que tiene el dominio de la muerte —es decir, al diablo— (Hebreos 2:14)
Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo; (Isaías 9:6) Imagínense – cuando una familia tiene un bebé, ¿a quién nace el bebé? A esa familia, por supuesto. ¿Quién viene para ver al bebé? La familia – hermanos y hermanas, tíos y tías, suegros y suegras. Pero este bebé, el Hijo de Dios, nació a nosotros. ¿Quién vinieron a verlo? Extranjeros – pastores del campo, magos de otro país.
Aquí vemos el Dios de misericordia tomando Su lugar con la creación. Levanta su voz en un grito con lo demás de la raza humana – ya no está lejos, desconocido, pero grita como gritamos, siente como sentimos, llora como lloramos.
Tomó Su lugar con la creación. Por eso es llamado “Emmanuel,” – Dios con nosotros. Ya no es un Dios de temor ni terror que puede golpear muerte al sumo sacerdote. El Dios de gracia y misericordia ha venido para estar con Su pueblo.
No hay querubines celestiales, sino María y José cuidan a Él. Dios da a Su Hijo a nosotros, seres humanos, y nace en nuestros corazones. El Hijo de Dios también se llama “Hijo del Hombre” porque nació de María. En las Escrituras, una mujer representa a la iglesia; Cristo nace en nosotros tal como nació de María.
Sacerdotes – no hay sacerdotes. La Biblia dice que nosotros somos un reino de sacerdotes. Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. (1 Pedro 2:9)
Somos sacerdotes a Dios. Ministramos a Él en adoración y alabanza.
Ya no hay una clase especial de ministros; Dios ha llamado a cada uno acercarse a Él, ministrar a Él, demostrar Su gloria y Su bondad a un mundo muriendo.
Altar de los holocaustos – No hay un altar de los holocaustos. Me gusta pensar que quizás la sombra de una cruz pasó sobre el infante Jesús, precursor de Su muerte para todo el mundo.
“Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.” (Hebreos 12:2)
Todo en el tabernáculo señaló esta escena, este día, el amanecer de una época nueva. Fue Isaías que profetizó “Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores… Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades…Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja, enmudeció ante su trasquilador.” Oh, la maravillosa cruz donde Cristo llevó nuestros pecados.
Vemos los animales en paz. Quizás saben que Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, el último sacrificio por todo hombre por todo tiempo. Ya no habrán ríos de sangre fluyendo del altar de los holocaustos, año tras año, que nunca pueden quitar el pecado, que solamente puede cubrirlo. Ahora llega en la escena el Cordero de Dios que derramará Su sangre para que todos puedan ser salvos.
Cerca – No hay una cerca en esta escena para excluir a la gente común. Todos son invitados para venir y adorar al Hijo de Dios. Vemos los pastores, que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar sus rebaños. Un ángel del Señor los envolvió en luz y los invitó a venir. Leemos en Apocalipsis “El que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida.” Isaías dice “¡Vengan a las aguas todos los que tengan sed.” Jesús dijo ”Todo el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás.” “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16)
Quienquiera puede venir. ¿Eres tu un ¨quienquiera?¨ Tu puedes venir también.
El candelabro – Juan 1:4,5 - “En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad.
5 Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.”
Jesús dijo “Yo soy la luz del mundo.” Salmo 36:9 – “Porque en ti está la fuente de la vida, y en tu luz podemos ver la luz.”
Mesa de pan – No hay la mesa de pan en esta escena. Cristo es el pan de vida. “Yo soy el pan vivo que bajó del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Este pan es mi carne, que daré para que el mundo viva.” (Juan 6:51)
Jesús nació en Belén. El nombre Belén quiere decir “casa de pan.” Cristo nos da vida eterna, y alimenta esa vida.
Tablas de piedra – ya no vemos las dos tablas de piedra, porque Jesús perfectamente cumplió la ley. Vivió la vida perfecta ante Dios y los hombres y es el cumplimiento de la ley.
“»No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento. (Mateo 5:17)
Ahora no vivimos por reglas y leyes, sino en una relación personal e íntima con Él que cumple la ley, y que cumple la ley en nosotros.
“Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me[b] ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.3 En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana,4 a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu.” (Romanos 8:1-4)
No vivimos por reglas – no tomas, no fumas, no robas. Es cierto que no debemos hacer estas cosas, pero ahora Cristo vive en nosotros y no da el anhelo de cumplir la ley. Ya no vivimos por mandatos externos, porque Él que cumple la ley vive adentro.
La vara de Aarón – en esta escena ¿Dónde está la vara de Aarón? Está en Jesús. La vara representa la vida eterna, la vida que procede de la muerte, la vida que la muerte no puede conquistar. Cristo resucitó – la tumba no podía contenerle, la muerte no podía agarrarle.
Las doce varas, incluyendo la vara de Aarón, eran sin vida, muertas. Si corto una rama del árbol, ¿qué pasa? Muere. Eran muertos. Cristo murió en la cruz. Pagó el castigo por nuestros pecados. Pero resucitó en el tercer día y ahora vive eternamente. No puede morir otra vez. No tiene que morir otra vez.
Y da esta vida eterna a quienquiera. No hay nada que puede matar esta vida – ni pruebas, ni dificultades, ni los altibajos de la vida. Solamente sirven para reforzar la vida.
2 Corintios 4:8-11 “Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados;9 perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos.10 Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo.11 Pues a nosotros, los que vivimos, siempre se nos entrega a la muerte por causa de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo mortal.”
La urna de maná – No vemos la urna de maná en esta escena, pero leemos “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.” (Colosenses 2:3)
Hay maná escondida para estos últimos días para los que la quieren. Dios ha reservado una porción de maná reservada por ti. Ven a la mesa para recibir vida y luz y revelación. Dios tiene algo especial por ti.
La vela – no hay una vela en el granero porque no hay ninguna separación. Todo es en Cristo. Él es nuestro Santo Lugar y nuestro Lugar Santísimo. La vela en el templo se rasgó en dos de arriba abajo cuando Cristo murió en la cruz. La vela fue Su carne, que dio para la vida del mundo.
Isaías 49:16 – “Grabada te llevo en las palmas de mis manos.”
Las heridas que lleva en las manos son para ti. Siempre, siempre, siempre, anuncian la bondad de Dios y el amor que tiene el Señor para ti.


