La Oveja Perdida
- Nick Bowen
- 02 October 2011
¿Has estado perdido jamás?
¿Cómo encontraste el camino? Mapa, GPS, pedir direcciones
Estar perdido de veras es no saber cómo encontrar el camino de regreso. No hay esperanza – la única manera es que alguien venga en búsqueda de ti.
La Oveja Perdida
Lucas 15:4-7
A un pastor, cada oveja es de valor inestimable- no quiere perder ni una
Conoce cada oveja por su nombre; las ovejas conocen la voz del pastor.
La noche fue oscura cuando contó sus ovejas – solamente 99; una estaba perdida. El pastor pensó “pobrecita – está afuera, sola, tiene miedo, tiene hambre.”
¿Cómo se había perdido? Probablemente vagó buscando un pasto verde, sin pensar.
La oveja fue atrapada en un matorral. Había un lobo y un oso cerca – hambrientos. La lluvia cayó, el viento sopló, la oveja baló, tan atemorizada.
¿Dijo el pastor “tengo 99 ovejas. Una no importa?” No
¿Dijo “Voy a quedarme aquí esta noche y buscar mi oveja por la mañana?” No
¿Dijo “Voy a enviar otro pastor para buscar la oveja perdida?” No
El Pastor
El pastor dejó las 99 en el aprisco y fue en búsqueda de la oveja perdida. Las rocas cortaron sus pies. Dejó un rastro de sangre que fue lavado en la lluvia. De su pelo tan mojado derramaron gotas de agua en sus ojos. La noche se oscureció 10 veces más.
Los relámpagos lanzaron y zigzaguearon, rayos espantosos que dividieron la noche en dos. Los truenos retumbaron y resonaron en los montes y los valles, llenando la noche con un ruido horrible. Con los truenos y la lluvia y el viento tan fuerte, no podía oír la oveja balando.
Las zarzas rasgaron su manto y sus manos. Pero nunca, ni una vez, pensó en volver. Pensó “tengo que encontrar mi oveja perdida, no importa el costo.”
Gritó el nombre de la oveja más y más; pareció que el viento arrebató sus palabras cuando salieron de su boca.
Pero la oveja fin oyó la voz de su amo, y, temblando de temor y del frío baló y baló y baló, como decir “Aquí estoy mi amo, encuéntrame.”
Y el pastor oyó la voz temblando de la oveja perdida y la encontró atrapada en un matorral, tiritando de frío. Con gozó lo rescató y lo puso en sus hombros y lo llevó al aprisco, cantando a ella como andaba canciones de amor.
Al regresar al aprisco dijo a sus amigos “Regocijen conmigo – mi oveja que era perdida ahora he encontrado.”
No recriminó ni culpó a la oveja. La oveja, por su parte, quedó muy cerca al pastor de entonces en adelante.
Cristo
Ahora, ¿quién es el pastor? Es Cristo. Y ¿quién es la oveja perdida? Es tú y yo. La Biblia dice “Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino…”
David dice “Cual oveja perdida me he extraviado;”
Pero leemos que “El Hijo del hombre vino a salvar lo que se había perdido.”
Estábamos perdidos todos en la noche oscura del pecado, vagando lejos del Padre. Cada uno seguíamos nuestro propio camino, sin ni un solo pensamiento para Dios.
Yo no tenía ningún uso para Dios hasta que tenía 27 años; con nuestra hija de 6 días tan enferma, el médico dijo que sin duda iba a morir.
Oh, ¡tan profunda era esa noche¡ Yo pensé del Dios que había desdeñado. ¿Oirá el clamor de mi corazón? O ¿ha endurecido Su corazón hacia mí porque usé Su nombre como una maldición?
Nuestro Padre celestial no es como nosotros – Su corazón late con amor por sus ovejas perdidas. Envió al buen Pastor, Jesucristo, en búsqueda de nosotros.
Salió de las glorias celestiales, los palacios de marfil. El Rey de los reyes y el Señor de los señores, el Rey de los ángeles, el capitán de los ejércitos del cielo – se hizo carne y nació una noche en un establo en Belén, el más pobre de los pobres.
Sus padres eran campesinos pobres. Habían viajado dos días para llegar a Belén para inscribirse para el censo declarado por el rey Herodes. El pueblo era tan lleno de gente que no había lugar para ellos en la posada y tenían que quedar en un establo para animales, donde nació Jesús.
No tenía cuna – un pesebre, donde comen los animales – fue su cuna. Reposó sobre el trigo, los animales alrededor. El viento era frío y sopló por los listones en los muros del establo. Un rey debe tener un palacio y muchos asistentes, un plato de oro y no de madera.
Él vino como el Mesías de Israel, el Salvador del mundo, pero solamente unos pastores llegaron para verlo.
Creció desconocido en un pueblito llamado Nazaret. Durante su ministerio corto de solamente 3 años y medio, los fariseos y los sacerdotes – los en el orden religioso establecido, se le opusieron en todo momento. Porque dijo que era el Hijo de Dios, le acusaron de blasfemia.
Al fin, lo crucificaron. Le escupían, le quitaron su barba pelo por pelo, le pusieron una corona de espinas y un manto púrpura, burlándose de Él como un rey. Lo azotaron 39 veces con un látigo de cuerdas de cuero con pedazos de metal.
Y entonces lo crucificaron. Por 6 horas colgó en la cruz – temblando, sudando, sangrando. Y al fin murió.
Lo enterraron en una tumba; allí quedó por 3 días.
Pero – gloria a Dios – el tercer día resucitó de la muerte. Como el buen pastor, ha sufrido tanto en búsqueda de Sus ovejas perdidas. El ha mostrado Su amor hacía ti – y vive hoy y para siempre y todavía busca los que han vagado del aprisco.
Hay gozo en el cielo sobre cada oveja que encuentra el Buen Pastor. Si quieres saber gozo verdadero, simplemente diga al Señor “Aquí estoy yo, tu oveja perdida. Encuéntrame, Señor.”


