Perder Y Encontrar

  • Nick Bowen
  • 26 julio 2009

Mateo 10:39
El que encuentre su vida, la perderá, y el que la pierda por mi causa, la encontrará.

Yo supongo que ya han probado y han visto que el Señor es bueno. Él ha tocado tu corazón y tú te deleitas en Su Presencia en tu vida. Has aprendido que Él puede satisfacerte como ningún otra persona, como ningún otra cosa. Has sentido algo de tu destino, tu propósito en la vida. Sientes que fuiste creado para algo más grande que simplemente trabajar, comer, dormir, y mirar a la tele.

Pero también quizás has sentido que hay una lucha, una batalla, entre la vida espiritual y la vida natural. Quieres ir con el Espíritu de Dios, pero la vida natural también te atrae, te llama, te invita como una sirena. Eres como un marinero que ha zarpado con rumbo al otro lado del océano; has viajado un poco distancia hacía el horizonte, con ánimo en tu corazón y un sentido de destino en tu pecho. El viento es contigo y puedes oler el rocío del mar.

Pero detrás, en la orilla, puedes ver las luces y oír la música de las tabernas y restaurantes; puedes oír las voces de centenares de personas gozándose con las cosas del mundo. Es una escena muy incitante. En frente de ti hay la extensión del océano, gris y deprimente. Sabes que esperan por ti días de soledad y pruebas, hambre, tormentas, y más.

¿Qué vas a hacer? ¿Vas a continuar en tu viaje, o vas a girar alrededor y volver a la vida anterior?

Vas a hacer o el uno o el otro – no puedes hacer ambos. Si continuas con el viaje a cosas nuevas, tendrás que sacrificar los confortes del pasado; pero si vuelvas a la vida anterior con sus placeres, tendrás que renunciar la promesa de cosas mejores sobre el horizonte.

Pues, esta es nuestra situación. Dios nos llama adelante con Él para descubrir nuevas alturas en Su reino. Pero miramos anhelantemente a nuestra vida hasta ahora, y no sabemos si podemos cambiar cosas conocidas por cosas que aun no hemos visto.

James Calvert
Cuando James Calvert fue como misionero a los caníbales de las islas Fiyi, el capitán del barco trató de convencerle no hacer esto. “Perderás tu vida y las vidas de los que te acompañan,” le dijo. Pero Calvert le dijo “morimos antes que venimos aquí.”

Bonhoeffer
Dietrich Bonhoeffer era pastor en Alemania cuando Hitler tenía poder. Aun en los días tempranos de ese régimen malo, Bonhoeffer resistió el movimiento de los nazis. Como resultado, era impopular con el gobierno y aun con muchos cristianos. Pero continuó advirtiendo la iglesia cuando vinieron las restricciones y persecuciones.

Bonhoeffer tenía la oportunidad de viajar a Norte América para huir del peligro en Alemania, y lo hizo. Pero sintió que su lugar era con la iglesia, y regresó a su país. Fue detenido, y llevado al campo de exterminación en Flossenburg, donde estaba desnudado e ahorcado a la edad de 39. Pero lo hizo con resignación y tranquilidad interior, porque supo que hay cinco muertes para cada cristiano:

1. Muerte a relaciones naturales. En los días del Tercer Reich, habían muchos pastores dispuestos a sufrir encarcelamiento o muerte, pero no podían hacerlo a cause de sus familia. Bonhoeffer dijo que nuestro compromiso a Cristo debe abarcar todo, incluyendo nuestra afección natural.

Mateo 10:37 - El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí;

Nuestro amor por Cristo debe superar todo otro amor. C.T. Studd, hombre de deportes en Inglaterra que sacrificó todo para ser misionero en África dijo “En un conflicto de interés entre Cristo y tu madre, sigue a Cristo; el Señor cuidará a tu madre tal como cuidó a su propia madre en la cruz.”

2. Muerte al éxito. Bonhoeffer dijo “El éxito es una pátina que cubre la vaciedad del alma.”

3. Muerte a la carne. Un cristiano no debe temer el sufrimiento puesto que ya ha muerto.

4. Muerte al amor al dinero. 1 Timoteo 6:10 - el amor al dinero es la raíz de toda clase de males.

5. Muerte física, si es lo que Dios llama a la persona.

Lucas 9:23
Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga.

Fíjate en que Jesús dijo su cruz. Tenemos cada uno una cruz – no es la cruz de Cristo. Él murió en Su cruz. Nosotros debemos llevar nuestra cruz. La cruz es un instrumento de la muerte.

Isaías 6:1
El año de la muerte del rey Uzías, vi al Señor excelso y sublime, sentado en un trono; las orlas de su manto llenaban el templo.

Uzías, re de Israel, era el tío y el mecenas de Isaías. Lo había traído a la corte del rey, y lo apoyó. Pero no leemos nada de tristeza con la muerte de Uzías, no leemos que bueno era a Isaías – no nada de eso. Leemos solamente que al morir Uzias, Isaías vio al Señor.

¿Hay alguien en tu vida que toma el lugar de Dios. Hay un hijo, un padre, un amigo a quien tú das más afección que a Cristo?

Susannah Wesley
Susannah Wesley tenía 19 hijos, 10 de los cuales sobrevivieron. Dos de los hijos fueron John y Charles Wesley, hombres poderosos de Dios y fundadores de la iglesia metodista. Susannah era una madre devota, con 10 hijos corriendo por la casa y demandando atención. Los enseño cada uno en la casa.

Pero cuando llegó sus dos horas de orar, se sentó en la cocina y puso su delantal sobre la cabeza; todo el mundo supo no disturbarla cuando era su tiempo con Dios.

¿Cómo es en tu casa? ¿Tienes un tiempo y un lugar para orar? ¿Puedes cerrarte en tu lugar y dejar las demandas de la familia tomar segundo lugar por un ratito?

Abraham
Dios dijo a Abram que sería el padre de muchas naciones, pero no tenía hijos. Su esposa, Saray, le dijo acostarse con su esclava egipcia, Agar. Abram tuvo relaciones con Agar, y ella concibió un hijo, llamado Ismael.

Abram tenía 99 años, Diosle dijo que sería el padre de una multitud de naciones. Dijo que Sara le daría un hijo y que Dios haría su pacto con él, y que Sara sería la madre de naciones. Cambió su nombre a Sara, que quiere decir princesa. Cambió el nombre de Abram a Abraham, padre de naciones.

Como había prometido, Sara concibió y dio luz a un hijo, Isaac. Abraham tenía cien años, y Sara tenía noventa años. Rieron que concibieron en su vejez. Isaac era el hijo de la promesa – dado por Dios, el con quien Dios haría su pacto.

Pasado cierto tiempo y Dios puso Abraham a la prueba. Le dijo a Abraham que tomar su único hijo, al que amó tanto, y sacrificarlo como holocausto.

Leemos en Génesis 22:3 que Abraham “se levantó de madrugada;” no esperó, no se quejó, no discutió con Dios. Abraham llevó la madera, y padre e hijo subieron el monte. Isaac preguntó a su padre “¿donde está el cordero que vamos a sacrificar? Abraham lo dijo que Dios mismo proveería el cordero. Abraham ató a Isaac en el altar encima de la leña.

Entonces tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo, y Dios le dijo “no pongas tu mano sobre el hijo. Ahora sé que temes a Dios, porque ni siquiera te has negado a darme a tu único hijo.” (Génesis 22:12) Entonces Abraham vio en un matorral un carnero enredado por los cuernos; tomó el carnero y lo ofreció como holocausto, en lugar de su hijo.

Pablo
En capítulo 3 de Filipenses, Pablo lista sus calificaciones en el natural, diciendo que tiene cada derecho – más que cualquier otra persona – usar sus esfuerzos humanos.

Vamos a leer:

circuncidado al octavo día, del pueblo de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de pura cepa; en cuanto a la interpretación de la ley, fariseo, en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que la ley exige, intachable. (Filipenses 3:5,6)

Pero lo perdió todo:

Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo.8 Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo9 y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la *fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe.10 Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte.11 Así espero alcanzar la resurrección de entre los muertos. (Filipenses 3:7 – 11)

Juan Bautista
Se entabló entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío[e] en torno a los ritos de *purificación.26 Aquéllos fueron a ver a Juan y le dijeron:

—Rabí, fíjate, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, y de quien tú diste testimonio, ahora está bautizando, y todos acuden a él. (Juan 3:25,26)

Juan tendría oportunidad aquí para celos – Jesús bautizaba también, y la gente le siguieron a Él, y no a Juan.

—Nadie puede recibir nada a menos que Dios se lo conceda —les respondió Juan—.28 Ustedes me son testigos de que dije: "Yo no soy el *Cristo, sino que he sido enviado delante de él." (Juan 3:27,28)

El que tiene a la novia es el novio. Pero el amigo del novio, que está a su lado y lo escucha, se llena de alegría cuando oye la voz del novio. Ésa es la alegría que me inunda.30 A él le toca crecer, y a mí menguar. (Juan 3:29,30)

En una boda el mejor hombre hace todo, todo para el novio. El novio es el centro, y su amigo le sirve. Cuando yo era el mejor hombre por mi amigo, yo le serví a él – cuidé su esmoquin, cuidé los anillos, le llevé a la iglesia a tiempo para la boda.

Morimos a nuestros derechos:
1. No ser ofendido – cuando alguien diga o haga algo en contra a nosotros, sentimos muy justificados enojarnos. “Indignación justa.” Damos fuertes pisadas, golpeamos la mesa con el puño, declaramos nuestra inocencia. Pero ya no tenemos ese derecho – somos muertos.

Lucas 17:1, Mateo 11:6

2. Auto-compasión – cuando todo no va a nuestro gustar, es fácil compadecernos – nadie me entiende, pobre mi,

3. Juzgar – es muy fácil juzgar a otros, nos hace sentir superior a ellos. Es más fácil ver las culpas de otros que ver a nuestras propias culpas. Pero de veras no sabemos nada de la otra persona – quizás ha hecho más progreso en Dios que nosotros, pero no podemos verlo. No sabemos de dónde vino – quizás ha venido de muy abajo, mucho más que nosotros, y ha hecho más progreso que nosotros.

No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes.2 Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes. (Mateo 7:1,2)

Lo que nos molesta acerca de otra persona es lo que hay en nosotros ¨ eso es porque nos molesta tanto,

4. Ser entendido – Yo pienso que todo el mundo debo entenderme, pienso que soy el centro del universo. Hay Uno que me entiende muy bien, y no necesito más.

5. Defenderme – Yo no tengo que defenderme – Jesús es mi defensa. Jesús no se defendió a sí mismo. Cuando lo acusaron, no abrió la boca. De veras, cuando estoy acusado, debe decir “Tú no sabes la mitad de cómo soy yo.”

6. Argumentar – Un argumento no resuelve nada, solamente empeora la situación. Somos llamados trabajar por la paz, no por la guerra.

7. Preocuparme – La preocupación no resuelve nada, solamente fortalece mi duda y temor.

8. Quejarme – yo soy experto en quejar. Yo puedo quejar todo el día, acerca de personas y situaciones. Indica una falta de confianza en Dios, que mis pasos son dirigidos por el Señor.

9. Chismorrear – a todos nos gusta chismorrear, tener alguna noticia jugosa acerca de otra persona. “¿Sabes lo que hizo fulano de tal?” Nos hace sentir bueno tener todas las últimas noticias. Nos hace sentir bien decir los defectos de otra persona; parecemos bien en comparación. Pero cuando hacemos eso, destruimos el carácter de esa persona en los ojos de la a quien hablamos. Y nunca podemos borrar las palabras que hemos hablado – siempre están en el aire y en la mente de la otra persona.

10. No perdonar – Si Cristo en la cruz perdonó a los que lo crucificaron, yo no tengo derecho de no perdonar. Perdonar no quiere decir justificar lo que hizo la otra persona – pero me libra de las cadenas de enojo que pueden estrangularme.

Que hay por nuestro marinero que decidió seguir adelante, que rechazó las voces del pasado? Esperan por él una tierra que fluye con leche y miel, las buenas cosas del Reino de Dios, una corona de vida, compañerismo con su amado Salvador. Con cada tormenta vino más confianza en Dios. Con cada prueba vino más plenitud en Cristo. Ha ganado mucho más que perdió. Está experimentando ahora las riquezas de la vida nueva en Dios.