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- Nick Bowen
- 23 August 2009
Introducción
Encontramos la historia del ciego mendio en Mateo, Marcos y Lucas. En Mateo, leemos acerca de dos ciegos que Jesús sanó al salir de Jericó. En Marcos, hay un ciego llamado Bartimeo, con Jesús saliendo de Jericó. En Lucas 18, hay un ciego sin nombre, y Jesús está acercándose a Jericó.
¿Qué vamos a concluir – que la Biblia es mentira? Por supuesto que no. Porque habían dos lugares llamados Jericó. Por lo menos, los discípulos no colaboraron en escribir estos libros.
Vamos a ver a un hombre que fue ciego y pobre por mucho tiempo, pero cuando Jesús vino a su ciudad, este hombre no permitió que cualquier cosa le detuviera de agarrar a Jesús y Su poder.
Lucas 18:35
Sucedió que al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna.
Aprendíamos en Marcos que este ciego se llamaba Bartimeo, y que era hijo de Timeo. El nombre Timeo quiere decir “contaminado,” y podemos ver un poco de nosotros, hijos de Adán, en esta historia. Pablo escribió en Romanos 7:18 “Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita.”
Bartimeo fue ciego, y pobre también, pidiendo limosnas. No hay crimen en ser ni ciego ni pobre, pero podemos ver en esto la condición de la raza humana, del hombre natural – sin vista para ver a Dios, y pobre aunque rico en las cosas del mundo, dependiendo en otros para sostén. ¿No es que nosotros dependemos en otros para soportarnos emocionalmente – no es que buscamos a otros para aprobación y afirmación? Que dependamos solamente en Dios para aprobación.
Estaba sentado junto al camino – el desfile de la vida le había sobrepasado. No fue una parte de la sociedad, no contribuyó, solamente podía tomar. ¿Cuánto tiempo fue en esta condición? No sabemos, pero parece que eso fue su lugar y su vida, y podemos suponer que fue mendigo por un buen rato.
Por lo visto, Bartimeo había aceptado su condición – así soy yo, esta es mi vida. Se había resignado de vivir así. No tenía esperanza ninguna. Fue uno de los mendigos que eran muy comunes, que se sentaron junto al camino, especialmente en los días de fiesta cuando pasaba mucha gente, y que mendigaban a la entrada del templo, con la esperanza que los religiosos sentían compasión para ellos.
Si nos resignamos a nuestra condición, cerramos la puerta a la posibilidad de cambiar. Así soy yo, yo nací como esto, y siempre voy a estar así. Podemos cambiar solamente cuando tenemos la voluntad de cambiar.
v. 36
Cuando oyó a la multitud que pasaba, preguntó qué acontecía.
Aunque sus ojos le fallaron, sus oídos funcionaron tanto mejor. Oyó el ruido de la multitud pasando, y quería saber lo que era.
Es bueno ser inquisitivo. ¿Cuánta gente hay que nunca se preguntan acerca de Dios, que nunca quieren saber nada de Él. Pero quizás algo se estaba formando en Bartimeo – oyó a la multitud, fue curioso, “¿puede ser? He oído del Sanador, ¿puede ser que Él viene aquí? No, no puede ser – pero que es ese alboroto? He oído que está sanando ojos ciegos y oídos sordos.He oído que está resucitando los muertos. Oh, ¿está aquí este Mesías, este Salvador de Israel? Ha venido aquí, a mi ciudad, a este lugar?”
v. 37
—Jesús de Nazaret está pasando por aquí —le respondieron.
“Es verdad, es verdad, está aquí. Este día es mi día, esta hora es mi hora.
v. 38
—¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! —gritó el ciego.
Tan pronto como oyó que de veras Jesús estaba pasando, gritó a Él. No esperó, no pensó – no soy preparado ni vestido bien, ni nada como eso. Sin esperar, sin pensar la segunda vez, levantó su voz y llamó al Señor.
Supo bien su condición – era ciego, no podía ver. Es solamente cuando reconocemos nuestra necesidad que podemos cambiar. Cristo vino a salvar los pecadores, no a los justos. Vino a sanar los enfermos, no a los saludables. ¿Sabemos nuestra condición esta mañana?
Usó el título “Hijo de David,” refiriendo al Mesías.
"Cuando tu vida llegue a su fin y vayas a descansar entre tus antepasados, yo pondré en el trono a uno de tus propios descendientes, y afirmaré su reino … Tu casa y tu reino durarán para siempre delante de mí; tu trono quedará establecido para siempre." (2 Samuel 7:12, 16)
Una sola vez he jurado por mi santidad, y no voy a mentirle a David: Su descendencia vivirá por siempre; su trono durará como el sol en mi presencia. Como la luna, fiel testigo en el cielo, será establecido para siempre.» (Salmo 89:35-37
Reconoció a Jesús por quien es – el que vendrá para salvar, el Hijo de Dios, el Rey de los reyes y el Señor de los señores.
v. 39
Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él se puso a gritar aún más fuerte:
—¡Hijo de David, ten compasión de mí!
Los temerosos e incrédulos te dirán no seguir a Dios. Cuando queríamos ir a un campo donde estaba moviéndose el Espíritu Santo, hace mucho años, mi pastor nos dijo “No van allí; siguen demasiado cerca al Espíritu.”
¿Qué pasó cuando Bartimeo levantó su voz a Jesús? Es que la multitud le dijo “Bueno, Bartimeo – muy bien?” ¿Es que aplaudieron? Dijeron “Dios está contigo, va a sanarte, es tu día?” No – nada como eso. Exactamente el opuesto – dijeron “Cállate, hombre – no molesta a este hombre tan importante. No tiene tiempo para ti.” Dijeron “vuelve a mendigar – es tu lugar.”
Pero la reprensión de la muchedumbre era como un dique a un río lleno – engrosó tanto el más y grito aún más fuerte “!Hijo de David, ten compasión de mi!”
Fue su única oportunidad, no habría otro. Tenía que ir ahora o nunca.
No esperó que el Señor dijera “¿Hay ciegos aquí que puedo sanar? ¿Quién necesita algo de mí?” No – saltó a la oportunidad, su única oportunidad.
Es como Jacob luchando con el ángel en Génesis 32 – dijo “¡No te soltaré hasta que me bendigas!”
Les digo que éste es el momento propicio de Dios; ¡hoy es el día de salvación! (2 Corintios 6:2)
Fue por perseverancia que el caracol llegó al arca.
Aunque son aún más caras, las estampillas pegan al sobre hasta llegar a su destinación.
Thomas Edison hizo 50,000 experimentos antes de tener éxito en producir una batería. Dijo que el genio es 2% inspiración y 98% transpiración.
Este hombre tenía fe y fervor
Que seamos nosotros como los que persiguen a Jesús aunque haya oposición y reprensión.
v. 40
Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando el ciego se acercó, le preguntó Jesús:
“Jesús se detuvo” – el creador del universo se detuvo por un pobre ciego. Un hombre destituido tenía tanta desesperanza y tanta esperanza que capturó la atención del Rey de los reyes. Imagínense – la muchedumbre se había apiñado alrededor de Jesús clamando sáname, sáname, sálvame, sálvame – pero el Señor oy¬¬ó el gritar del ciego Bartimeo.
David clama en Salmo 5: Atiende, SEÑOR, a mis palabras; toma en cuenta mis gemidos. Escucha mis súplicas, rey mío y Dios mío, porque a ti elevo mi plegaria.
Isaías escribió Busquen al SEÑOR mientras se deje encontrar, llámenlo mientras esté cercano. (Isaías 55:6)
En Hechos 2:21 leemos Y todo el que invoque el nombre del Señor será salvo."
Leemos en Marcos que Bartimeo arrojó la carpa – esa carpa es nuestro pecados. Vamos a arrojar nuestro pecado tal como Bartimeo arrojó su carpa.
Bartimeo dio un salto – no pensó la segunda vez, no fue lentamente, pero saltó. Cuando Cristo te llame, cuando oyes la voz de Dios, no vacilas pero actúa en la palabra con prontitud.+
Tú también puedes tener la atención del Rey cuando llamas en Su nombre. Él no es tan ocupado con despertar al sol o encender las estrellas que no tiene tiempo por tí.
v. 41
—¿Qué quieres que haga por ti?
—Señor, quiero ver.
Jesús supo que necesitó Bartimeo – Él sabe todo. Pero quería saber si Bartimeo supo su propia necesidad. ¿Conocemos nosotros de veras lo que necesitamos? ¿Sabemos nuestra condición espiritual?
El Señor está dispuesto a contestar tu oración.
Cuando nuestra hijita estaba tan enferma, el Señor oyó nuestras oraciones de corazones quebrantadas.
v. 42
—¡Recibe la vista! —le dijo Jesús—. Tu fe te ha sanado.
Leemos acerca de los dos ciegos en Mateo 20:34 Jesús se compadeció de ellos y les tocó los ojos. Al instante recobraron la vista y lo siguieron.
Oh, que Jesús nos toque. Eso es todo el anhelo de la raza caída, toda la esperanza del mundo perdido – el toque de Jesucristo. Cuando Él te toque va a sanar tu corazón, tu ser interior. El mundo es desesperado para esta cercanía del Hijo de Dios.
Isaías 32:1 – 3 Miren, un rey reinará con rectitud y los gobernantes gobernarán con justicia. Cada uno será como un refugio contra el viento, como un resguardo contra la tormenta; como arroyos de agua en tierra seca, como la sombra de un peñasco en el desierto. No se nublarán los ojos de los que ven; prestarán atención los oídos de los que oyen.
Isaías 35:4 – 5 digan a los de *corazón temeroso: «Sean fuertes, no tengan miedo. Su Dios vendrá, vendrá con venganza; con retribución divina vendrá a salvarlos.» Se abrirán entonces los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos;
Isaías 42:6,6 - «Yo, el SEÑOR, te he llamado en justicia; te he tomado de la mano. Yo te formé, yo te constituí como *pacto para el pueblo, como luz para las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para librar de la cárcel a los presos, y del calabozo a los que habitan en tinieblas.
“Tu fe te ha sanado.” No tenemos fe en la fe, sino en Jesús. Puso toda su esperanza en Jesús – fue convencido que Jesús podía hacer lo que necesitaba.
v. 43
Al instante recobró la vista. Entonces, glorificando a Dios, comenzó a seguir a Jesús, y todos los que lo vieron daban alabanza a Dios.
Comenzó a seguir a Jesús - ¿qué más podemos hacer? Como los discípulos, como millares de gente en cada época, siguió a Jesús.


